La Real firma el finiquito de la manera más triste (0-2)

La Real Sociedad pierde toda posibilidad matemáticamente de ascender al caer en casa con todo merecimiento ante el Córdoba. La nula intensidad y la pasividad del público fueron la tónica dominante.

Tal y como dirían los argentinos “la bronca” que tenía en mi interior al final del partido era tal que no he cruzado palabra ni saludo con nadie hasta que me he alejado de Anoeta. Los titulares para la crónica se me iban sucediendo, pero cada cual era más fuerte, de esos que no se pueden publicar. Por eso he decidido poner lo que pueden leer ahí arriba.

Perdónenme pero lo de hoy ha sido una vergüenza, insufrible. Creo que todos teníamos más o menos claro, según iban pasando las jornadas, que el milagro era poco más que imposible, pero ver al equipo luchar nos hacía sentir la implicación de los jugadores como si fuera nuestra. Sin embargo, todo lo que parecía blanco se tornó negro. Las victorias el sábado de Xerez, Tenerife y Zaragoza dejaban la empresa en una utopía. Los jugadores eran conscientes y han saltado al terreno de juego con los brazos abajo, como si la cosa no fuera con ellos.

Los pitos que los pocos aficionados que se han quedado han dirigido a Juanma Lillo lo dicen todo. Ha dado la sensación de que Lillo se ha sentado en el banquillo con los brazos en jarra. Sobre el campo ha colocado a los mismos que jugaron la semana pasada con la salvedad de Zubikarai, Abreu y Ros. Estos tres han sido de la partida en un once formado por Zubikarai en portería, Castillo, Ansotegi, Labaka y Gerardo en defensa; Rivas y Ros formando doble pivote, con Prieto y Moha abiertos en banda, y Abreu y Agirretxe en punta.

En frente estaba el Córdoba, un equipo que visitaba Anoeta necesitado de una victoria para dar un paso de gigante a la salvación. Juan Luna puso toda la carne del asador desde el inicio: Navas en portería, línea de cuatro para Ceballos, Gaspar, Pierini, Ruen; doble pivote para Endika y Katxorro, con Arteaga y Natalio abiertos en banda, y Asen y Pepe Díaz como referentes en ataque.

El córdoba siempre superior

Desde el principio del partido la superioridad del Córdoba ha sido la tónica dominante. Katxorro y Endika eran dueños del centro del campo y del balón, y combinaban tanto por bandas como por el centro con sus hombres en ataque en busca de la portería de Zubikarai, que se ha tenido que emplear a fondo en los primeros minutos del partido. Hasta tres claras ocasiones ha tenido el equipo visitante en el primer cuarto de hora. Menos mal que en dos de ellas, Zubikarai ha tenido una actuación magistral, que ha evitado que la Real haya terminado goleada.

La Real ha tratado hacerse con el balón en el centro del campo, pero el Córdoba sabía a la perfección que no podía dejar pensar, ni mucho menos dar el balón a la Real. Ros y Rivas, muy activos durante todo el partido, intentaban hacerse con el control de la pelota, aunque sin mucho éxito. El peligro de la Real llegaba siempre por la derecha. La sociedad Gerardo-Xabi Prieto trataba de ganar línea de fondo, pero el pase o centro final nunca llegaba a buen puerto.

El partido se fue apagando poco a poco para la Real que estaba desaparecida. Sólo chispazos por la derecha conseguían crear algo de peligro. Mientras tanto el Córdoba manejaba la situación con tranquilidad. La portería de Navas apenas se vio inquietada, puesto que ninguno de los disparos de la Real fue entre los tres palos. Así, el partido llegó al descanso con el empate inicial y el hartazgo del público que estaba viendo como la Real no hacía absolutamente nada.

Dos goles en siete minutos

Un intento de vaselina de Katxorro en el que Zubikarai tuvo que estirarse para mandar el balón a corner abrió la segunda parte. El Córdoba salió en la reanudación en busca de esa victoria balsámica, mientras que la Real siguió aliado con la apatía. Con Necati, Marcos y Estrada calentando en banda llegó la otra mala noticia de la tarde: la lesión de Ansotegi, lo que obligó a variar los planes de Lillo, que introdujo un doble cambio: Carlos Martínez por Ansotegi y Marcos por Moha.

La segunda parte seguía siendo un tostón. El público no animaba, no pitaba, no mostraba síntomas de vida, salvo cuando el video marcador anunciaba el gol de cualquiera de los equipos que en primera división se estaban jugando la permanencia. Aún y todo, el Córdoba era el que más lo intentaba. Una buena arrancada en ataque culminaba en falta al borde del área. Arteaga la ejecutó con un toque magistral y el balón entró en la portería limpiando las telarañas de la escuadra derecha de Zubikarai.

La Real no reaccionó. Bajó los brazos definitivamente. Desde el banquillo tampoco se aportaron soluciones. No hubo movimientos. Así, siete minutos después, Pierini remató de cabeza un córner botado por Katxorro, que supuso el definitivo 0-2 y el enfado de la apática grada, que pitó al entrenador cuando ipso facto introdujo en el terreno de juego a Necati, ya que a su juicio debía haber entrado antes. La entrada del turco aportó velocidad e intensidad, pero con el paso de los minutos el jugador cedido por Galatasaray se terminó contagiando del juego de sus compañeros.

El colegiado Teixeira Vitienes pitó el final del partido para la alegría del Córdoba y para que los pocos aficionados que quedaban en Anoeta pitaran a la Real por la vergonzosa imagen que había ofrecido sobre el terreno de juego. Lillo, que abrazó a todos y cada uno de sus jugadores, salió el último del terreno de juego y fue el objeto de las iras de los aficionados.

Tres partidos amistosos

Las matemáticas dicen que ya no existe ninguna posibilidad, por lo que las tres jornadas que quedan hasta el final serán absurdas para la Real. Además, los rivales a los que le toca enfrentarse tampoco se juegan nada, por lo que los partidos se convierten en amistosos. La Real tendrá que buscar vencer los tres para buscar la mejor clasificación posible. Por lo menos lo debería hacer por los aficionados, que a tantos sitios han ido aún sabiendo que la cosa estaba complicada. Aunque visto lo visto hoy, cualquiera sabe, porque esta Real ya ha demostrado que es capaz de ganarlo todo para intentar seguir enganchada en la clasificación, pero también de bajar los brazos a las primeras de cambio para ofrecernos espectáculos tan bochornosos como el de esta jornada.

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