La Real vence al Albacete en el descuento gracias a un gol en propia puerta de Mainz al tratar de impedir un pase de Necati a Abreu. Carlos Martínez dio el susto de la tarde y Mikel González, que se perderá el próximo encuentro por sanción, se retiró lesionado.
Nadie se enfadará si digo que lo visto en Anoeta durante el encuentro contra el Albacete fue insufrible, un tostón, un aburrimiento…, por no decir algo más soez. El equipo volvió a no jugar a nada y encomendarse a algún chispazo que, mezclado con un pelín de efectividad, lograra batir al portero visitante, Jonathan López.
El juego desplegado por la Real Sociedad era el fiel reflejo de una montaña rusa. Altibajos frecuentes y poca llegada, que terminaron por desquiciar al público de Anoeta, que en el descanso despidió a los suyos con pitos, sistema de protesta que se volvió a repetir a lo largo de la segunda parte. Permítanme un momento de opinión para decir que los jugadores de la Real se merecieron esos pitos dada la pasividad con la que estaban en el terreno de juego.
Lesión de Kitoko y 4-2-3-1 de Lillo
En los prolegómenos del partido asistimos a la lesión durante el calentamiento de uno de los motores del juego del Albacete. Kitoko se retiró lesionado al vestuario, lo que obligó al entrenador Máximo Hernández a hacer un cambio de piezas. De este modo, el Albacete formó con Jonathan López en portería, línea de cuatro para Peña, Tarantino, Mainz y Kike Tortosa; eje central para Ibon e Iker Begoña, con Jaime y Xavi Jiménez abiertos en banda y Alberto y Diego Costa en punta.
En la Real, los mismos once que vienen jugando tras la lesión de Aranburu: Bravo en la puerta, línea de cuatro para Carlos Martínez, Labaka, Mikel González y Castillo; doble pivote para Markel y Rivas; línea de tres por delante para Moha, Xabi Prieto y Marcos, y en punta Abreu. De nuevo el 4-3-2-1 con el que nos tiene acostumbrados Lillo en los dos últimos partidos.
Los diez primeros minutos de la primera parte dejaron a las claras lo que iba a ser la tónica de todo el partido. La Real tocaba y tocaba sin crear ningún peligro, mientras que el Albacete esperaba atrás a los txuri urdin para salir a la contra, aprovechando la velocidad de Diego Costa y Jaime. El partido era un verdadero tostón, por lo que desde la cabina estábamos más atentos al espectacular accidente de un camión cargado de fardos de paja que ardía en la A-8, y cuyas largas retenciones provocaron que muchos espectadores entraran a Anoeta con el partido comenzado.
Tres oportunidades en la primera parte
La Real Sociedad tuvo tres chispazos en la primera parte. El primero llegó al cuarto de hora de comenzar el partido. Moha y Marcos trataron anduvieron listos para sacar una falta al borde del área, pero el ibicenco no logró pegar al balón con contundencia para batir a Jonathan López.
El segundo, se produjo cuando en el luminoso transcurría el minuto treinta y siete, cuando Moha, de nuevo muy incisivo, se sacó de la chistera una buena jugada que terminó en un pase atrás para la llegada de Marcos, que la volvió a pegar muy mal. Para entonces ya habíamos asistido al gran susto de la tarde, protagonizado por Carlos Martínez, que chocó con un contrario recibió un golpe en la cabeza y quedó semi-inconsciente sobre el terreno de juego. El susto quedó en nada, aunque por prudencia médicos y cuerpo técnico optó por introducir en el terreno de juego a Gerardo.
En el tercer chispazo, el protagonista fue el cancerbero visitante, Jonathan López. Ocurrió en el minuto cuarenta y dos. El portero manchego, que estaba fallón, hizo una salida al borde del área para tratar de cortar una jugada de la Real. El rebote del balón llegó a Markel que trató de colocarla por arriba, ante la gran afluencia de defensores del Albacete, pero se le fue por encima del larguero.
Pasividad contagiosa
Ya en la reanudación, Rivas sacó un balón sobre la raya de gol, en lo que fue la oportunidad más clara del Albacete. Tras esa oportunidad, el estadio de Anoeta volvió al tedio que caracterizó el primer acto, lo que hizo que después de nueve minutos llenos de imprecisiones, de pasividad y de poco fútbol, comenzara a aflorar el desencanto de los 14.500 espectadores que se dieron cita.
Había que intentar ponerle remedio a la situación, aunque parecía ser la tarde de las desgracias, ya que al susto de Carlos Martínez se unió el cambio de Mikel González, al parecer porque arrastraba molestias en una de sus piernas. Ansotegui, al que el técnico tolosarra decidió dar descanso, salió al terreno de juego para se el eje de la zaga y parar las arremetidas del insistente Diego Costa. A los pocos minutos, y viendo que el partido continuaba por los mismos derroteros aburridos, Lillo dio entrada a Necati para buscar mayor movilidad arriba. El turco lo intentó, pero también acabo contagiándose del ritmo pasivo del partido.
Abreu tuvo la oportunidad de cambiar el rumbo del encuentro en el minuto veintinueve de la segunda parte. Un pase de Moha al interior del área llegó a Xabi Prieto, que vio como por su derecha entraba Abreu. Le sirvió el balón y el uruguayo se lo cruzó a Jonathan López que logró rechazar.
Gol en propia puerta
Pocos minutos después, Iker Begoña fue expulsado del partido por segunda amarilla tras una falta por detrás a Xabi Prieto. El hecho de que el Albacete se quedara con diez tampoco cambió mucho el partido, aunque sí que la Real lo intentó algo más con balones centrados desde ambas bandas, aunque sin crear gran peligro.
El Albacete vio que tenía el empate en su mano, lo cual no le venía mal para seguir buscando la salvación matemática. De este modo, Máximo Hernández trató de contener metiendo en el terreno de juego a Marco Navas, Alex Pérez y Toché. Parecía que lo tenía controlado. El partido avanzaba sin que la Real pudiera crear una ocasión clara de gol, hasta que un balón en un intento de contra llegó a Necati. El turco vio la llegada de Abreu por la izquierda y le sirvió un pase. El balón nunca llegó al destinatario ya que tocó Mainz, salió despejado raso hacia atrás, Jonathan López se resbaló y la pelota terminó en el fondo de las mallas. Era el segundo minuto del tiempo añadido.
Abreu tuvo el segundo el su cabeza dos minutos, aunque si en vez de rematar se la hubiera cedido a Necati, el ariete turco sólo la hubiera tenido que empujar. De este modo finalizó un partido surrealista, en el que la pasividad, la escasez de fútbol y una torturada grada fueron los protagonistas.
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