Abreu de penalty y Necati, que se estrenó como goleador, marcaron los goles de la Real. Aranburu con fractura de peroné puede perderse lo que resta de temporada.
Les voy a decir una cosa sin ánimo de herir sensibilidades porque más txuri urdin que un servidor pocos: por mucho que desde el club se quiera vender humo el público, que es soberano, ha demostrado en este encuentro que no cree en milagros o misiones imposibles. Y a los datos me remito: menos de 15.000 espectadores en un partido que se antojaba crucial; un equipo sin alma en el campo que vaga durante 60 minutos sin encontrar su sitio, y pitada al final del primer tiempo cuando los jugadores se retiraban a los vestuarios como signo de descontento de una parroquia que ya está harta de vivir en un sin vivir.
Esta vez la Real no fue capaz de remontar un resultado adverso in contra nueve jugadores. Ceballos Silva expulsó correctamente a Peña y Dani Abalo en la segunda parte, con lo que la Real se veía con un marcador acortado merced al penalty transformado por Abreu y con veinte minutos más la prolongación por jugar. Ni así. El empate llegó a falta de tres minutos –obra de Necati- y aunque en el descuento la Real dispuso de dos claras ocasiones el balón no quiso entrar, con lo que el equipo ha podido decir adiós definitivamente a sus opciones de ascenso.
Nada trastoca el plan de Lillo
La baja de última hora de Gerardo que tuvo que quedarse en casa por una gastroenteritis, no trastocó los planes de Juanma Lillo que volvió a alinear el ya clásico 3-4-3 al que nos tiene acostumbrados esta temporada. Ni la baja de Gerardo le hizo rectificar. Con un banquillo corto hasta decir basta con sólo cuatro jugadores de campo y Zubikarai, el tolosarra optó por introducir en el once titular a Dani Estrada, que apenas ha contado durante toda la temporada. El resultado ya lo conocen: Estrada perdido en gran parte por la falta de minutos y la Real, una vez más, desdibujada y jugando a no se sabe qué. De nuevo línea de tres con Mikel Gonzalez, Ansotegi y Mikel Labaka; de nuevo Rivas como único pivote auxiliado por Estrada y Moha y Aranburu de enganche; de nuevo Prieto y Marcos abiertos en banda, y de nuevo Abreu cual Robinson Crusoe solo en la delantera. Incomprensible tratándose de un partido tan vital.
En frente estaba el celta. Un equipo a priori construido para buscar el ascenso que no se entiende cómo es posible que esté pasando tantos apuros. El ex-jugador del Barcelona Eusebio Sacristán tenía la lección bien aprendida. Sabía perfectamente lo que le gusta a la Real jugar con Prieto y Marcos por las bandas tratando de venirse al centro, por lo que la defensa de cinco que puso de inicio no era casualidad. Tres centrales rocosos como Peña, Ruben y Jordi asistidos en banda por Lago y Edu Moya paraban con facilidad los intentos de la Real. Jonathan Vila y Renan trataban de canalizar el juego para un trío en ataque formado por Ghilas, Dinei y Dani Abalos que se mostró muy activo hasta las expulsiones.
Doble mazazo en la primera parte
La Real salió completamente dormida en la primera parte y no tardó demasiado en recibir el primer susto de la mano de Ghilas. El delantero visitante estrelló una magnífica volea en el larguero. Una jugada que quedó invalidada a instancias del asistente que se equivocó al indicar fuera de juego y que ponía el susto en el cuerpo de los aficionados txuri urdin.
No se habían recuperado de ese primer susto cuando Dinei marcó de potente disparo raso el primer gol del partido. Corría el minuto siete de partido cuando tras robar una pelota en campo de la Real, Dinei condujo el balón hasta que a cinco metros de la frontal del área vio claro que podía disparar. El balón se alojó en las mallas de Claudio Bravo que poco pudo hacer. El público que todavía estaba frío reaccionó con tímido pitos y mucha indiferencia.
Los donostiarras apenas llegaban con peligro a los dominios de Falcón. Una ardua defensa de cinco con la lección bien aprendida de a quién había que tapar se lo impedía. Con el paso de los minutos la Real se iba poniendo nerviosa y las imprecisiones comenzaban a ser la tónica dominante. No se sabía si de jugar con cuatro hombre en rombo se pasaba a jugar con dos pivotes y dos hombres abiertos en banda ante el nulo acoplamiento tanto de Moha como de Estrada al esquema de Lillo. Así el equipo, sin ideas y desplegando un juego horrible empezaba a sacar de sus casillas a los aficionados. Mientras tanto, el Celta seguía ordenado. Con el marcador de cara manejaba el partido a su antojo. El peligro llegaba, casi siempre, con disparios desde fuera del área de unos insistentes Dinei y Ghilas.
En la Real, Aranburu era el único jugador que trabajaba de forma activa tratando de buscar a los hombres de ataque. De sus botas salieron las dos mejores ocasiones del equipo en la primera parte. La primera llegó antes del segundo mazazo del celta. Una buena conducción del capitán txuri urdin desembocó en un gran pase al espacio a Abreu que cruzó la pelota unos centímetros más de lo necesario. En la segunda, Aranburu robó un balón en el centro que sacó controlado, dio un buen pase a Marcos que centró viendo la internada en el segundo palo de Abreu, que no pudo cabecear porque se cruzó el central Jordi para enviar a corner.
Entre medias de las dos mejores ocasiones de la Real llegó el segundo mazazo. Ghilas controló un balón dentro del área de la Real. Trató de regatear a Ansotegi que le barrió. El colegiado Ceballos Silva no dudo en señalar la pena máxima, que transformó el propio Ghilas engañando por completo a Claudio Bravo. El partido se ponía muy cuesta arriba y el juego y la actitud de la Real no invitaban al optimismo. Los pitos dirigidos al equipo al final de la primera parte lo dicen todo. Una imagen vale más que mil palabras.
Dos expulsados en quince minutos
Los cinco primeros minutos tras la reanudación dejaron ver que el partido poco iba a cambiar. La Real seguía sin funcionar y el Celta manejaba, ahora con dos goles de renta, el partido a placer. Juanma Lillo, consciente de que el equipo necesitaba más mordiente arriba dio entrada a Necati en sustitución de un flojo Estrada, que no aprovechó la titularidad que le otorgó el técnico tolosarra. Dos minutos después de la entrada de Necati llegaría la jugada que cambió el rumbo del partido.
La Real lo intentaba de forma aislada. Corría el minuto 12 de la segunda parte cuando un remate a bocajarro de Xabi Prieto golpeó en el brazo extendido de Peña cuando la grada cantaba el gol. Ceballos Silva no dudó y señaló el punto fatídico. Esta vez Abreu no falló. Ejecutó bien y acortó distancias.
En los siguientes minutos la Real fue un quiero y no puedo. La intensidad incrementó, aunque el Celta supo parar bien el partido. Dani Abalo regaló la posibilidad de darle la vuelta al marcador a la Real cuando se autoexpulsó tras una fea jugada. El Celta se quedaba con nueve y el público pedía a sus jugadores que se fueran arriba intentando aprovechar la superioridad del rival. Eusebio introdujo en el terreno de juego a Fajardo en sustitución de Dinei para aparcar definitivamente el autobús en defensa y no permitir que la Real llegara como quisiera a los dominios de Falcón.
Grave lesión de Aranburu y gol de Necati
Estaba siendo una tarde rara en la que un equipo sin alma trataba de remontar un partido que se le había puesto muy cuesta arriba desde el inicio. Por si eso fuera poco, al paso por el treinta de la segunda parte Aranburu se lesionaba y tenía que abandonar el terreo de juego de forma precipitada. Agirretxe salió en su lugar para buscar el gol del empate. Horas más tarde conocíamos que la lesión de Mikel Aranburu es más grave de lo que se esperaba. El capitán de la Real padece una posible fractura de peroné, lo que le podría tener de baja lo que resta de temporada.
De este modo, sin el único jugador incisivo por el centro, la Real movía el balón buscando centros desde lejos que alguno de los delanteros txuri urdines pudieran rematar. Era un querer y no poder, o más bien un no saber como poder querer.
El Celta con nueve sólo tenía un objetivo: reprimir los balones que la Real trataba de meter en el área. Los centros desde ambas bandas eran constantes pero en ningún caso encontraban rematador. Los minutos corrían y la Real seguía sin poder meter un gol a un equipo embotellado en su área con nueve jugadores. Entonces apareció Necati. El turco recibió un balón escorado en la izquierda. En diagonal avanzó hacia la frontal y de potente disparo raso cruzado logró batir a Falcon. Primer gol del ariete turco con la camiseta de la Real.
La consecución del empate y las noticias que llegaban del empate entre Zaragoza y Tenerife encendieron los ánimos de la grada. La Real siguió volcada hacia arriba, pero la suerte no le sonrió. Necati y Ansotegi tuvieron dos claras oportunidades en el tiempo de prolongación que no lograron materializar, por lo que el partido concluyó con empate a dos y una grada fría que no supo si despedir a los suyos con pitos o aplausos, y consciente de que aunque las matemáticas todavía dicen que es posible, este nuevo tropiezo no hace sino evidenciar la irregular temporada de un equipo sin alma al que sólo un milagro salvaría de tener que seguir un año más en el infierno de la segunda división.
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